8. Bitácora Cecilia Soto Blanco
2022-12-19 Bitácora Cecilia Soto Blanco
El entorno del entorno.
El contacto de aproximaciones
Laura Beyliss: - Estoy escuchando los audios que interesante los
relatos de la Sra. Victoria Moreno
Fco.: - Buen día Laura. Si. Los relatos de la Lic. Victoria
sobre Cecilia Soto son todo un regalo. Cómo una botella con mensaje lanzada al
mar. Y que por fin es encontrada en una playa remota para leerlo.Esa playa tan rmota como quienes la conocimos.
...y hay más. Falta el archivo mayor del audio, su trayectoria profesional. Es el relato que articula a los demás.
En cuanto pueda los subo.
Anoche (2022-12-17) hablé con Othón por cerca de dos horas.
Él solo conoció a Cecilia a través de los relatos del Chino. Una vez, estando
en la Cd Mx fueron a la casa en Observatorio donde vivía, pero no la
encontraron, probablemente en 1979 o 1980.O antes, cuando el Chino estudiaba en Arquitectura Autogobierno.
. . .
Cerca del territorio de su formación.
En febrero de 2016 estuve unos días en Ensenada, una noche caminamos los tres por las
calles del centro de Ensenada. Era casi media noche y el ingenuo pretexto era
buscar algo para cenar. En el centro a esa hora, ni los tacos... El ingenuo pretexto de nuestras tripas.
Sin ningún tráfico, de pronto, los dos arquitectos iniciaron una conversación por en medio de la calle. Cambiaron de frecuencia. Y lo mejor que puede hacer fue solo escuchar y ver a nuestro paso lo que ellos iban refiriendo, complementándose, de esas calles vacías y silenciosas.
De trasfondo del relato estaba el bullicio de esas calles un día cualquiera de antaño. Igual, de pronto ese silencio presente, acentuaba las craqueladuras de las cornisas viejas y despintadas, la diversidad de los estilos de construcción tradicionales y los cambios de función de algunas edificaciones.
Discretamente, por momentos ellos por delante y en otros me adelantaba unos pasos, para observar ese relato en primera fila y no estorbar su construcción escenográfica que realizaban a cada paso, con un sin fin de detalles.
De pronto, su conversación te levantaba la vista en el cruce de una esquina para distinguir las siluetas de los árboles y palmeras de ese primer cuadro de la ciudad. A la vez que se hacía referencia de uno que otro memorable, de variedades exóticas, en algún momento traídos y plantados allí, que se encontraban más adelante en otro entrecruce. O de otros que ya solo quedaban en su recuerdo, porque habían sido sacrificados en aras del incontenible y paranoico desarrollo urbano. Daba la impresión de que si se requería te podían mostrar el último censo de los pájaros huéspedes nocturnos de cada uno de esos árboles, al igual que de las esporádicas zarigüeyas y mapaches que llegaban extraviados y se introducían entre los jardines de las casa hasta los botes de basura, desde los cerros cercanos.
Y entre todo esto, fluían las anécdotas de cada uno, así como las comunes. Y con ellas también los personajes 'ensenadenses' de esa pequeña ciudad, que ellos disfrutaron en su infancia, como extensión de su patio trasero común.
El Chino Burgóin y Othón Ruelas tenían en la palma de la mano, en la punta de la lengua y en el ceño aguzado de su mente, los mapas de ese territorio de vidas, historias y paisajes entretejidos.
Eran memoriosos cartógrafos existenciales (sic) de Ensenada, que al caminar en sincronía proyectaban sus cuerpos por momentos hacia atrás o hacia adelante, de una manera solo común en chamanes caminando en el desierto, que yo observaba discreto, para no interrumpir su ritmo del relato 3D de Ensenada dormida.
En esa ocasión me quedé en casa del Chino, ubicada en Séptima y Cerro (sic). Eran vecinos de barrio. Othón vive en Séptima y parque Revolución.
Yo recién me quedé unos días en Ensenada para poder platicar con les amigues de la ciudad. Venía de acompañar al cineasta Juan Pablo Miquirray que realizó un viaje a lo largo de toda la península de B. Cfa., para la producción del documental: Una isla en el continente. Y, a la mitad de ese trayecto, caí en cuenta de que era posible tener una conversación entrañable con la península y todes sus entidades que la conforman.
…pero ese es otro cuento. Solo digo que esto era una especie de ‘continuidad urbana’ de esa experiencia extraña.
Al día siguiente, levantándose temprano, el Chino seguía con el rebaje del fondo de su estrecho terreno plano a medio cerro donde vive, el ritual de su jornada matutina. Y en sus descansos hacía tareas para prepararse para el día. Al concluir su simbólico avance sobre ese terreno duro y pedregoso, para ese momento, el agua ya hervía en la estufa. La apagaba, agregaba dos cucharadas soperas de grano molido. Y su café de talega reposaba unos minutos mientras el salía a su pequeña terraza a iniciar su jornada matutina de contemplación del paisaje de toda la ciudad.
Con mirada de águila en contemplación, durante su vuelo de asecho, en su cabeza continuaba esa conversación con Othón. Ese escrutinio urbano antropológico costumbrista de entrecalles y avenidas, pavimentadas de personaje e historias que empezaban a llenarse de bullicio y congestionamiento de vehículos. Era un tiempo sin tiempo, sorbiendo su taza de café.
El complemento y el alimento de esas pláticas, que a su vez evocaban y se entretejían con otras tantas interminables que ellos tuvieron.
. . .
Lo que le pedí a Othón ahora, es que escriba un relato de eso otro barrio de abajo. El de la Miramar y Macheros, entre Segunda y Tercera. La zona roja con el hotel-bar Venecia de la madame Cecilia, la tía de Cecilia Soto Blanco y el barrio de extrañas costumbres de los pescadores ribereños en los que Cecilia nació.
Lugar en donde Cecilia tomó la intensa, larga y dolorosa lección, que la marcó de por vida y que la convirtió en la mujer apasionada, desconcertante e incomprensible que fue para la 'Historia'. Y que por lo mismo, la convirtió en una extraña y extraordinaria maga -de bajo perfil- de la vida.
El otro relato que también me compartió el memorioso Othón, es cómo eran las generaciones de jóvenes que fueron a estudiar la Cd. de Mx. a fines de los 50 y principios de los 60. Las acentuadas diferencias que fueron visibles en esos grupos de jóvenes. Y de que, a pesar de ello, de todas maneras, Cecilia continuó siendo un acontecimiento anómalo como persona profesionista ensenadense.
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