7. La lucha de clases en el 68. Pedro Castillo Salgado

7. La lucha de clases en el 68

Pedro Castillo Salgado


 

 Nota: Publicamos el brillante ensayo de Pedro Castillo Salgado en el blog de Cecilia Soto Blanco.

Este ensayo es una síntesis de la experiencia histórica de las luchas y movilizaciones del 68, que originaron innovaciones tácticas y estratégicas de la lucha popular estudiantil en el aprendizaje de la praxis inmersiva de masas del ejercicio de la SOBERANÍA POPULAR para la conquista de la misma, mediante la REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICO-POPULAR PACIFISTA en marcha de ese periodo, que fue derrotada a sangre y fuego.

La lucha de clases en el 68

Pedro Castillo Salgado

 

Metodología introductoria

 La epopeya de 1968 en México es necesario analizarla con la metodología del materialismo histórico para poder llegar al fondo de los acontecimientos, y así, conocer los alcances, profundidades y trascendencia de esa Gesta Histórica.

El carácter explosivo de 1968 es la acumulación de ideas, sentimientos, formas de lucha, experiencias que colectivos sociales venían realizando constantemente contra la opresión y la explotación, pero además, la vanguardia democrático revolucionaria supo aprovechar el momento para poner al descubierto la contradicción histórica invisibilizada por el régimen de "La Gran Familia de la Revolución Mexicana".

El "Movimiento Pro-Libertades Democráticas" es la síntesis histórico política que recoge el sentir general de la nación, y aunque enarbola como estandarte los seis puntos del Pliego Petitorio, es la sed de democracia el gigantesco motor que movió las conciencias y las lanzó al combate que se volvió Epopeya. Las fuerzas democratizadoras desafiaron al monarca sexenal: no se aceptó seguir sometidos a los pseudo presidentes. Porque presidente es un mandatario y no autócratas absolutistas que gobiernan como monarcas sexenales. La monarquía sexenal violaba totalmente los preceptos constitucionales sobre todo el artículo 39: "La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno"

Era claro que la soberanía constitucional estaba siendo usurpada por "El Régimen de la Gran Familia de la Revolución Mexicana" y su Führer sexenal.

Los fenómenos socio-políticos históricamente trascendentes, no son la suma o la mezcla de elementos participantes: son el todo fusionado que actúa como un solo cuerpo concatenando aquello que lo nutre para lograr la síntesis dialéctica convertida en praxis revolucionaria.

 

La lucha de clases en el 68

"El Movimiento Pro Libertades Democráticas, más conocido como "Movimiento Estudiantil de 1968", es necesario interpretarlo en el contexto de la Lucha de Clases. Ese estallido que irrumpe a mediados de 1968 tenemos que ubicarlo en un contexto que esclarezca las contradicciones políticas entre las fuerzas que se enfrentaron: unas para derrotar al régimen despótico y autoritario de la llamada "Gran Familia de la Revolución Mexicana" y por otro lado quienes se beneficiaban de un modelo opresivo-represivo con el que se gobernaba. Para lograr lo anterior se requería transparentar otra contradicción histórica y evidenciar a quienes han detentado la soberanía.

 

Proceso histórico de la forma de gobernar en México

 Durante la época de la "Nueva España", el gobierno era ejercido por los virreyes nombrados por los reyes españoles. Los reyes detentaban la soberanía absoluta por obra y gracia de Dios. Estos soberanos absolutos ungían a los virreyes otorgándoles una soberanía relativa ya que el soberano absoluto era el monarca; sin embargo, para gobernar en la Nueva España los virreyes asumían la soberanía absoluta,

El conocimiento de los caudillos que participaron en la Guerra de Independencia estaba acotado por el mundo que conocían y no contaban con un modelo diferente. Aunque en la teoría de la Revolución Francesa irrumpe el concepto de que la "soberanía radica natural y originalmente en el pueblo" estos conceptos nunca pudieron representárselos en su mente para de ahí traducirlos al qué hacer práctico, respetando la soberanía popular.

El primer nuevo gobernante, Agustín de Iturbide, asumió el poder en calidad de Emperador adjudicándose la soberanía absoluta, ya no basándose en fuerzas das poder armado.

Iturbide fue depuesto por otro poder material y armado, iniciándose la era de los presidentes; sin embargo, tampoco los presidentes conocían otra forma de gobernar que no fuera a partir de erigirse como detentadores de la soberanía, tal es el caso de "Su Altera Serenísima", Antonio López de Santana. El mismo proceso siguió con los demás presidentes. Por un lapso de tres años, la República juarista lidió con el Imperio de Maximiliano de Habsburgo, enfrentándose dos formas de ejercer la soberanía absoluta.

El general Porfirio Díaz se destacó en la narrativa de nuestra historia como una dictadura inspirada en el "matalos en caliente". En este periodo se transparenta con mayor nitidez la figura del soberano absoluto: aunque existía una Constitución que acotaba el poder de los gobernantes y se consideraba esa Carta Magna como la "soberana absoluta" ("¡Nada fuera de la Constitución!"), lo cierto es que todos los poderes estaban subordinados (enajenados) al poder del monarca con "traje de presidente". Existen demasiados estudios que de muestran que todos los poderes plasmados en la Constitución de 1857 (Ejecutivo, Legislativo y Judicial) eran una fantasía retórica ya que estaban al servicio del Poder Supremo, El General Presidente Porfirio Diaz.

Ese "Hilo histórico" nos demuestra que la contradicción de quién ejercía la soberanía permaneció intocada: ya fuera en nombre de la Corona o en nombre de la República, virreyes o burócratas usurpaban la soberanía impidiéndole al pueblo ejercer su potestad soberana.

La revolución de 1910-17

 Al triunfo de la revolución contra la tiranía de Porfirio Díaz y Victoriano Huerta en 1917 fueron tomando las riendas de los gobiernos (nacional, estatales, municipales) los generales y coroneles que habían sido caudillos en sus zonas geográficas.

El general Plutarco Elías Calles, a finales de la década de los veinte organizó nacionalmente a estos caudillos en una estructura de poder nacional que denominó Partido Nacional Revolucionario (PNR) dando origen a una élite jerárquica denominada "La Gran Familia de la Revolución Mexicana".

Al constituirse el régimen de la "Gran Familia de la Revolución Mexicana" que se basó en la articulación de los "caudillos" que pasaron de ser sujetos de la guerra a elementos de gobierno, la soberanía en los territorios que dominaban les era dada por el poder que ejercían en sus zonas de influencia.

El poder que concedía la soberanía local era relativo ya que se generó una cadena de mando por jerarquías de poder ungiendo como poder supremo al soberano absoluto con funciones de monarca "bautizado" con el nombre de "Presidente de la República". Para 1968, la "Gran Familia de la Revolución Mexicana" reconocía al sucesor nombrado por el monarca saliente (lo que se llamó la práctica del "dedazo") y así continuó la monarquía sexenal.

Los mandatos presidenciales eran incuestionables, inapelables, válidos e infalibles por sí mismos. Tenemos que entender que una vez que se unge como soberano a un sujeto, su mente se transforma y busca eliminar todo aquello que no se subordine a su mandato.

El régimen de la Gran Familia de la Revolución Mexicana, para controlar a la población construyó un tejido político social enajenante conformado por una estructura de tres sectores: el sector obrero (CROM, CTM, Congreso del Trabajo), el sector campesino (CNC, UGOCM) y el sector popular (CNOP). Todos estos sectores estaban totalmente corporativizados, o sea, eran órganos de control al servicio del Estado, creados para impedir- le al pueblo el ejercicio de su soberanía.

Cada "sindicato", organismo campesino o popular estaba controlado por lideres que usurpaban la soberanía. Para garantizar la usurpación de la soberanía popular los líderes contaban con el apoyo de tribunales, policía, ejército, prensa, paramilitares y golpeadores.

El poder judicial obedecía ciegamente las consignas presidenciales; al poder legislativo se le reconocía como "los levantadedos del presidente". El Estado de Derecho era un mito, la moral política fue ridiculizada como "un árbol que daba moras", a los "sindicatos" se les llamaba "la cárcel de los obreros". Gobernantes, leyes, tribunales, legisladores, policía, ejército..., toda la superestructura del Estado se subordinaba a la soberanía absoluta del monarca sexenal.

 

PROLEGOMENOS DE LA GESTA HEROICA DE 1968

 En el ideario político revolucionario de los años sesenta todas las organizaciones de izquierda (comunistas, socialistas, maoístas, trotskistas, anarquistas) tenían como objetivo una nueva revolución y todas coincidían en construir una organización capaz de soportar las tareas de un cambio social basado en el bien común. Esto obligaba a manejar siempre dos agendas: la particular, que reclamaba las demandas inmediatas, y la nacional, que se planteaba construir el tejido político social independiente.

En 1966 estalló el movimiento de Reforma Universitaria en cuyo programa se planteó la Reforma Académica y la Reforma Democrática. Como parte de la agenda inmediata se lograron reformas "cosméticas" en lo académico y se avanzó un poco en contra del autoritarismo, así como en el pase automático de las preparatorias a las facultades (avance que fue posteriormente anulado); pero en la agenda nacional, con la motivación que generó el movimiento, se alcanzó a construir una organización nacional de estudiantes a la que se denominó "Central Nacional de Estudiantes Democráticos" En este colectivo se afiliaron cerca de cuatrocientos mil jóvenes del país teniendo como columna vertebral las 28 normales rurales que existían. Ha sido la organización estudiantil independiente más grande en la historia de nuestro país.

 Por fin habíamos creado el tejido político social independiente a nivel nacional y con ello los vasos comunicantes de la red de izquierda para que las ideas políticas liberadoras fluyeran y se coordinaran los esfuerzos emancipadores. Por todo el país brotaron las resistencias que fueron coordinando y elevando su capacidad de lucha.

 

LAS EXPERIENCIAS E INFLUENCIAS QUE PERMEARON EL IDEARIO DE 1968

 El Movimiento Pro-Libertades Democráticas de 1968 es la síntesis histórica de las luchas que amplios sectores de la población venían realizando a favor de la democracia y en contra del autoritarismo represiva del Régimen de la Revolución Mexicana en plena descomposición

 Las luchas sindicales de ferrocarrileros, electricistas profesores médicos, etc., irradiaron sentimientos de rechazo a los estilos de gobernar. En el campo la lucha por la tierra, los créditos, el agua, etc., también recibieron una respuesta intolerante. En los sectores populares arreció el problema de la vivienda que ahogaba a enormes estratos de la población. El estudiantado también padecía una fuerte opresión de las autoridades magisteriales. A todo lo anterior se sumó una gran intolerancia generacional y sobre todo eclesiástica, en contra de las libertades sexuales y los derechos de las minorías homosexuales

En el panorama internacional estuvieron presentes las ideas de la Revolución Cubana, la Guerra de Vietnam, el Movimiento Obrero Europeo, el Movimiento Estudiantil Internacional, los avances del movimiento en Estados Unidos (Universidades Berkeley, en California: Columbia, en Nueva York Kent, en Ohio...), etc.

En el campo de la literatura se dieron grandes influencias basadas en la corriente existencialista que cuestiono los valores establecidos.

En la música también se hicieron presentes cientos de cantos de protesta que claramente reflejaban la angustia y el coraje motivados por la injusticia y la opresión.

En el terreno ideológico proliferó la filosofía, la economía política y la sociología. La doctrina marxista dio alternativas para la lucha revolucionaria y la búsqueda del cambio social hacia una sociedad sin clases antagónicas y con principios igualitarios.

Es fundamental exponer que la absoluta mayoría de la base social carecía de una información exhaustiva de lo antes expuesto; sólo de manera superficial estaba enterada de algunos aspectos de lo antes mencionado. Sin embargo, una parte fundamental de la vanguardia si conocía la historia y, basada en esa visión de la realidad, orientó el descontento general de las bases; descontento que tenía razones muy profundas para desbordarse.

La opresión político-social que imperó por varias décadas generó un gran descontento. Cabe destacar que el descontento es un sentimiento generalmente ciego, que se desborda impetuosamente rebasando los límites del pensamiento racional.

La vanguardia política actuante en 1968 fue un conglomerado joven, pero veterano, de varias batallas y con una cultura política muy avanzada.

 

La Revolución Democrático Popular Pacífica de 1968

 El 26 de julio se realizaron dos manifestaciones: una fue realizada por la comunidad politécnica para protestar contra la represión ejercida por los granaderos en contra de los miembros de la Vocacional Número 5 y la otra convocada por la Central Nacional de Estudiantes Democráticos y la Juventud Comunista en apoyo a la Revolución Cubana y en contra del imperialismo yanqui.

El desenlace de ese día fue la represión contra estos dos contingentes y, al mismo tiempo, el milagro de la integración para luchar por la democracia en el Politécnico y la Universidad.

Al defenderse el estudiantado de la agresión gubernamental, refugiándose en los recintos universitarios de las preparatorias uno y tres, y no poder la policía y los granaderos derrotar a los defensores de los locales académicos intervino el ejército y en las primeras horas del 30 de julio los tomó militarmente, lo mismo que las preparatorias dos y cinco, y la vocacional número cinco empleando incluso una bazuca para derribar la puerta centenaria de la preparatoria de San Ildefonso resguardada por decenas de combatientes. Nunca sabremos cuántas vidas fueron cercenadas por el rocket lanzado y los miles de balas disparadas por los soldados.

Este acto de lesa humanidad fue "la gota que derramó el vaso" de la indignación acumulada. La comunidad universitaria, en su conjunto, se unificó para defender la autonomía de la Máxima Casa de Estudios.

Fue increíble la rapidez con que se hermanaron Politécnico, Universidad, Chapingo, normales y algunas universidades particulares. Paralelamente se organizaron las asambleas y nombraron sus comités de huelga o de lucha constituyendo el Consejo Nacional de Huelga. También se inundaron de brigadas los espacios públicos.

De la deliberación sobre los acontecimientos se redactó un programa basado en la reivindicación de los siguientes puntos:

1. Libertad de los presos políticos.

2. Destitución de los generales Luis Cueto Ramírez y Raúl Mendiolea, así como también del teniente coronel Armando Frías.

3. Extinción del Cuerpo de Granaderos, instrumento directo en la represión y no creación de cuerpos semejantes.

4. Derogación del artículo 145 y 145 bis del C. P. F. (delito de disolución social), instrumentos jurídicos de la agresión.

5. Indemnización a las familias de los muertos y a los heridos que fueron víctimas de la agresión desde el viernes 26 de julio en adelante.

6. Deslindamiento de responsabilidades de los actos de represión y vandalismo por parte de las autoridades a través de la policía, granaderos y ejército.

Estos seis puntos del pliego petitorio no hablaban de revolución, ni de socialismo, ni de algo que no estuviera garantizado por la Constitución; sin embargo, en su esencia, atentaban contra el corazón mismo de la forma monárquica de ejercer el poder con traje de presidente.

Cuando los más destacados juristas universitarios y el Consejo Nacional de Huelga argumentaron que los reclamos estaban basados en los Derechos Constitucionales, el presidente Gustavo Diaz Ordaz exclamó iracundo: "¡¡La Constitución soy yo!!" O sea, ningún papel, ningún escrito podía limitar la soberanía absoluta de Diaz Ordaz.

En relación a los seis puntos del pliego petitorio: ¿Cómo se atrevían los estudiantes y maestros a poner en entredicho las órdenes del soberano?

Era precisamente el régimen encabezado y dirigido por los presidentes quien habían consolidado una estructura autoritaria para ejercer su soberanía.

Ese modelo, manejado en ese momento por Díaz Ordaz, era el que había encarcelado a los presos políticos y ahora se le pedía que los liberaran.

¿Cómo era posible que se le exigiera a su alteza que castigara a los generales Cueto y Mendiolea y al teniente coronel Armando Farías que estaban sirviendo ciegamente las órdenes que él emitía?

¿Cómo se atrevía la intelectualidad a querer desmantelar los aparatos represivos garantes del autoritarismo?

Pedir que se reconociera la violación de derechos constitucionales y se indemnizara a las víctimas escapaba por completo de la cosmovisión monárquica.

¿Cómo era posible que quien estaba "salvando" a México de la "conspiración comunista internacional" aceptara que los "revoltosos" eran víctimas y no transgresores del orden institucional?

Esos "estudiantitos" ¿qué tenían en la cabeza para exigir que se transparentaran las atrocidades de "La Gran Familia Hecha Gobierno.

 

Dos visiones, dos estrategias

 Este choque de dos posturas totalmente antagónicas dio origen a dos estrategias que se expresaron en el campo de batalla.

1. El humanismo, aferrado al mundo de la racionalidad, enarboló tres elementos:

a) Si la razón está de nuestro lado.

b) Si la Constitución y demás leyes garantizan la justicia de nuestros objetivos.

c). Si la mayoría del pueblo mexicano se identifica con los valores de nuestra causa, entonces el triunfo debe ser nuestro.

Era evidente que el nivel político del pliego petitorio no incluía ninguna demanda estudiantilista, sino que ponía sobre el tapete del debate las demandas más sentidas de la mayoría de la población: "Las libertades democráticas”.  

2.  Los usurpadores de la soberanía popular, imbuidos de una irracionalidad sin límites y adueñados del Estado respondían de la siguiente manera

a) Si tenemos el poder.

b) Si contamos con una superestructura que monopoliza la violencia organizada

c) Si los medios de comunicación difunden nuestra versión de la realidad.

d) Si la historia la escriben los vencedores

Con todo esto a nuestro favor, el desenlace concluirá con nuestro triunfo. ¡Larga vida al Régimen de la Gran Familia Hecha Gobierno!

 

El Rescate de la Soberanía

 El movimiento no sólo desafió el autoritarismo del monarca sexenal, sino que revolucionó las formas de lucha pacífica creando un modelo que aseguraba el ejercicio democrático de la toma de decisiones y negaba históricamente al corporativismo.

Al activarse las asambleas generales y verterse en ellas la experiencia acumulada se concluyó que había la necesidad de poner en práctica una forma de organización que le permitiera a las bases recuperar la soberanía que les arrebataban los usurpadores dirigentes cupulares cooptados por el enemigo sometiendo a las bases a un régimen corporativista. Con la soberanía popular USURPADA, la mente de los inconformes que padecían la injusticia se enajenaba a una visión que oculta los caminos que permiten las soluciones eficaces.

El debate se dio surgiendo dos posiciones:

A)             A) Tomar las estructuras de las sociedades de alumnos y las federaciones poniéndolas al servicio del movimiento.

B) Destruir esa forma organizativa y sustituirla por otra que le garantice a la base recuperar la soberanía.

Años de fracasos demostraban que la primera concepción era pura demagogia y le daba al gobierno una ventaja que resultaba necesario quitarle. El análisis basado no en los argumentos retóricos sino en la memoria histórica y en el fuerte empuje de las bases permitió dar el salto de calidad y arrasar con los métodos impuestos por la ideología enajenante.

El conflicto ideológico se fue transparentando:

1) Delegar la soberanía en elementos totalmente vulnerables.

En contra de

2) Ejercer la soberanía de manera directa.

La segunda posición arrasó, liquidando la era de las sociedades de alumnos y las federaciones estudiantiles.

Estaba claro que la democracia representativa de las sociedades de alumnos y federaciones estudiantiles no podía ser el ámbito donde se expresara el mandato de 'la base”. La democracia representativa no daba cabida a la participación consciente de los protagonistas que constituían el sujeto social en lucha.

Para que las bases retomaran la soberanía se le dio a la asamblea la categoría de soberana. Con esto se tomó la democracia participativa como garantía del ejercicio de la base.

 

Los Comités de Lucha

 Surgieron los Comités de Lucha que daban cabida a una participación combativa nunca antes vista.

La asamblea soberana legitimaba su mandato. Para cumplir este mandato seleccionaba a sus mandatarios para llevar al Consejo Nacional sus acuerdos. Al mismo tiempo comisionaba al Comité de Lucha para coordinar y ejecutar su mandato y las directrices del Consejo Nacional.

La dinámica y necesidades prácticas del movimiento desecharon regirse por organismos burocráticos donde se nombraba: presidente, secretario general, secretario de organización, secretario de finanzas, secretario de festejos, secretario de prensa y propaganda, etc.

Esta forma de elección burocrática nunca garantizó que los electos tuvieran la capacidad de cumplir con las obligaciones que establecía el ejercicio de los puestos e incluso en las organizaciones ni siquiera había materia de trabajo para justificar que existieran esos nombramientos. Por lo general se votaba por simpatías y no por certidumbres en las capacidades de los candidatos. La demagogia y las promesas eran "el canto de sirenas" con el que se manipulaba la conciencia de las bases. El movimiento necesitaba elementos con suficiente capacidad específica para realizar eficazmente las tareas emanadas de las necesidades propias de la lucha de resistencia.

Al destruir la "camisa de fuerza" que significaban las estructuras burocráticas se dio un gran salto que permitió la inclusión de decenas de elementos con capacidades para realizar tareas necesarias que demandaba el movimiento. No se fijaban límites; todo aquel que se comprometiera honestamente con el movimiento y tuviera algo que aportar era bien venido. De acuerdo con las actividades específicas que se realizaban se determinaba el acuerpamiento de los diferentes núcleos que en una dinámica y eficaz cumplimentación del trabajo integraron las estructuras de los comités de lucha.

 

Los miembros integrados en núcleos, que se aglutinaban en los comités de lucha realizaban una serie de funciones: informar a las bases, coordinar las brigadas, administrar los recursos materiales que se acopiaban, producir la propaganda, convocar a las asambleas, organizar a los contingentes para las marchas, estar en contacto permanente con sus delegados al Consejo Nacional de Huelga, reunirse permanentemente para conocer el resultado de las acciones tanto propias como generales y evaluarlas, distribuir el trabajo de las brigadas, capacitar a los brigadistas que lo solicitaban, etc.

En múltiples ocasiones y de acuerdo a la intensidad de los acontecimientos, los miembros de los comités de lucha se acuartelaban en los locales de las escuelas trabajando día y noche; sin embargo, estos comités no eran soberanos: la soberanía seguía permaneciendo en las bases. Era la asamblea general la que legitimaba o no a quienes formaban parte de los comités de lucha.

 

La brigada política

 El alto grado de conciencia dio origen a otra forma de actuar de las bases: la brigada política.

Las multitudes atomizadas no podían desarrollar elementos de gran creatividad y sólo podían limitarse a concurrir a eventos multitudinarios fácilmente manipulables.

Los elementos más creativos y comprometidos empezaron a construir pequeños núcleos donde se organizaban, dialogaban y daban "rienda suelta" a su creatividad, misma que volcaban a la dinámica del movimiento. El ejemplo cundió y en poquísimos días se constituyeron miles de brigadas políticas. Romper la atomización de las bases y asumir la forma organizativa de la brigada política potencializó la capacidad de acción del movimiento permitiendo con este instrumento alcanzar formas superiores de lucha de masas no realizadas hasta ese momento en México.

La lucha que emprenden las muchedumbres nunca podrá alcanzar la contundencia de la lucha que despliegan los núcleos organizados como lo son las brigadas. Un contingente de mil brigadas que suman más o menos entre seis y ocho mil personas superan absolutamente a cien mil personas atomizadas como multitud. Esta forma organizativa de la base social fue lo que dio al movimiento de 1968 el mayor dinamismo de lucha pacífica nunca antes visto. Es por esto que se gestó todo un combate para desvirtuar y ocultar la esencia del brigadismo, liquidando con ello la experiencia brigadista que fue la preocupación más grande que afrontó el gobierno opresor en los años setenta.

La brigada política creó conciencia de trabajar colectivamente, de manera coordinada y organizada.

Esta cultura brigadista comunicaba a sus integrantes entre sí propiciando el diálogo interno y con ello la suma de conocimientos, experiencias, iniciativas... De esa manera se ampliaba la visión y el activismo de cada núcleo.

 

CONSEJO NACIONAL DE HUELGA

 Las asambleas soberanas fueron seleccionando a sus mejores y más destacados integrantes y con la categoría de mandatarios se les nombró delegados al Consejo Nacional. El Consejo Nacional procesaba los acuerdos de las asambleas soberanas y emitía directrices para desarrollar la lucha, elaboraba manifiestos, convocaba a marchas, mítines y brigadeos que trascendían con mucho los límites de los muros universitarios y las ciudades hasta llegar a pueblos y comunidades del interior. Pronto el movimiento se activó en las principales ciudades del país.

El Consejo Nacional de Huelga tuvo la virtud de rebasar la idea del caudillo carismático ya que los delegados que lo integraban representaban, al igual que cualquiera de ellos, la voluntad soberana de sus bases.

El respeto entre los integrantes del Consejo Nacional acatando los acuerdos colectivos generó una nueva visión en el ideario organizativo dándole un significado más profundo a la conducción revolucionaria. Las directrices emanaban de la soberana constituida por la base activa. Los resolutivos de las asambleas llevados por sus delegados eran tomados en cuenta, consensados y articulados por el Consejo Nacional. Estas directrices de las bases eran devueltas como iniciativas para la acción colectiva y argumentos para desenmascarar las falacias gubernamentales, al mismo tiempo que exhibían el autoritarismo despótico del presidente autócrata.

La conducción colectiva del Consejo Nacional de Huelga y el respeto a la causa por la que se luchaba generaron una fe secular otorgando toda la confianza a esa estructura y elevándola a centro espiritual de la resistencia soberana.

La regla de oro del Consejo Nacional de Huelga consistió en que aquellos elementos con tendencias protagónicas controlaran sus tendencias caudillistas; por otro lado, el resto de los integrantes no permitieron la rectoría de ningún delegado con pretensiones de caudillo. El respeto a las decisiones colectivas permitió que la unidad del Centro Espiritual fluyera hacia las bases prefigurándose una conducción sólida que no dividía internamente ni confundía al proceso de la dinámica del movimiento.

 

La Revocación del Mandato

 El gobierno siguió en su labor de corromper dirigentes. A algunos delegados del Consejo Nacional de Huelga los logró corromper para que llevaran a este Consejo la posición gubernamental y no la que había mandatado la Asamblea Soberana.

Al conocerse estas traiciones, inmediatamente se instituyó la revocación automática del mandato y el desconocimiento de la posición argumentada por el delegado traidor.

La Asamblea Soberana no necesitaba esperar meses o años para que los delegados terminaran un período predeterminado y fijo, sino que podían nombrar y destituir a sus delegados en el momento que así lo decidiera.

Este "candado" contra la traición le quitó al gobierno una de sus ventajas estratégicas. De nada le servía corromper líderes ya que éstos eran destituidos y desterrados del movimiento. Con esta medida, el movimiento mantenía su soberanía.

El alto nivel del movimiento produjo líderes y dirigentes a gran escala y con ello creó las condiciones objetivas para reponer a sus mandatarios en el caso de que éstos no ejecutaran su mandato.

 

Diálogo público

 El gobierno no bajó la guardia ante todos los candados que el movimiento puso a sus prácticas enajenantes de control y por lo tanto buscó un resquicio para amenazar y corromper a los representantes del Consejo Nacional de Huelga.

Personeros oficiales propusieron que el Consejo Nacional nombrara una comisión negociadora para que, de esa manera, se alcanzaran acuerdos. El objetivo fue, y lo sigue siendo, hacer una "encerrona" a espaldas de las bases en la que en lugar de discutir el PLIEGO PETITORIO, los representantes gubernamentales fueran amedrentando y descubriendo las debilidades de los comisionados del Consejo Nacional de Huelga. Intimidados y/o seducidos por las promesas de beneficios individuales, las comisiones que se nombraban en los movimientos acababan traicionando a sus bases; este mecanismo intentaron aplicarlo también en el caso del movimiento de 1968.

El movimiento universitario ya había alcanzado un alto grado de experiencia y conocía esta artimaña a la que denominaba "negociar en lo oscurito".

Los dirigentes no cayeron en la trampa gubernamental y manifestaron que si existía interés en un diálogo se trasparentaran las argumentaciones y, por tanto, que el debate estuviera abierto al conocimiento ciudadano planteándose la modalidad de "diálogo público".

El presidente Gustavo Díaz Ordaz entendió que se estaba enfrentando a la cúspide del pensamiento científico universitario. Las trampas verbales y las maniobras politiqueras ofendían la inteligencia y la cultura. Los universitarios le restregaron en su cara al presidente que no estaba enfrentándose con ignorantes. El pensamiento dogmático y autoritario que manejaba el gobierno bajo el lema de "Principio de Autoridad" no era rival del conocimiento filosófico, sociológico, jurídico y toda la gama de la cultura humanista.

Sabedor de sus limitaciones, Diaz Ordaz y lo que éste representaba optó por llevar la contienda a lo que el régimen de "La Gran Familia de la Revolución Mexicana" sabía hacer perfectamente: recurrir a la fuerza bruta usando a las policías, el ejército y todo tipo de violencia para enseñarle a la inteligencia universitaria quién era el dueño del poder y de las decisiones políticas en este país.

 

La Huelga en Movimiento

 Los obreros mexicanos realizaron, a través de décadas, formas huelguísticas que iban perfeccionando esta forma de lucha.

Después de cada gran movimiento huelguístico, los dirigentes realizaban una evaluación de resultados en los que se ventilaban aciertos y errores. A esta forma de evaluación se le denominó autocritica

Con el acervo acumulado, por medio de la autocrítica, los trabajadores se lanzaban a nuevos movimientos huelguísticos incorporando ese conocimiento que perfeccionaba sus tácticas de lucha.

El más grande movimiento huelguístico de nuestra historia se dio en los años de 1958-1959. Miles de ferrocarrileros fueron a parar a la cárcel, lo mismo pasó con el magisterio.

Para 1963 se hizo la evaluación (autocrítica) de estas jornadas huelguísticas. Se llegó a la conclusión de que el error más grande fue realizar huelgas paradas.

Los mítines, las asambleas y las marchas no le daban al movimiento huelguístico la dinámica necesaria para lograr una contundencia capaz de alcanzar los objetivos planteados en sus demandas laborales.

Había que incorporar al acervo de lucha una nueva categoría que se denominó "La Huelga en Movimiento".

 

La Huelga en Movimiento. Su Realización

 Integrado el Consejo Nacional de Huelga, estructurados los comités de lucha y sobre todo las asambleas soberanas convertidas en fuerza motriz activada en decenas de miles de brigadas políticas, esto permitió que se conjugaran los elementos suficientes para lograr darle vida a la Huelga en Movimiento ¡Y solo esto!

En las marchas existían dos tipos de contingentes el de ciudadanos simpatizantes con la lucha y el de los brigadistas perfectamente organizados y conscientes de su lucha. Las marchas servían para manifestar a la población que se luchaba por derechos y al mismo tiempo desenmascaraba al gobierno, exhibiéndolo tal como era autoritario, represor, demagogo, mentiroso, violador de derechos humanos, destructor del Estado de Derecho, etc.

Las marchas también mostraban al gobierno que la inconformidad no se reducía a un puñado de personas sino a todo un sentir popular que abarcaba a gigantescos sectores de la población.

El elemento más importante de las marchas consistió en mostrar que se tenía el ingrediente fundamental para realizar la huelga en movimiento: decenas de miles de brigadas

La labor de las brigadas no se limitaba a marchar, esta actividad era infinitamente inferior al potencial que desplegaban en los días subsecuentes a las marchas:

1. Se iba a los mercados, a las puertas de las fábricas, plazas públicas y todo tipo de lugares donde se congregaran personas, y se realizaban mítines relámpago de denuncia e información al pueblo.

2. Las brigadas realizaban campañas de "boteo" con la población para recabar fondos y mantener al día la propaganda.

3. Se realizaban campañas de información casa por casa difundiendo la verdad del movimiento.

4. Las brigadas producían sus formas creativas de comunicación con la población: carteles, volantes, folletines, mantas, discursos, pintas, etc., etc., etc. Las brigadas crearon miles de instrumentos particulares al promoverse la inventiva de cada una de ellas.

Fue tal la penetración del mensaje brigadista que derroto, en toda la línea, la versión oficial difundida en la televisión, la "prensa vendida" y la radio servil.

La justeza del movimiento de 1968 quedó grabada en el ideario popular y se conserva hasta nuestros días.

El 18 de septiembre de 1968 el ejército tomó Ciudad Universitaria, apresó a cientos de lideres y brigadistas, y el movimiento continuó.

El 23 de septiembre de 1968 el ejército tomó a sangre y fuego el Instituto Politécnico Nacional, mato a decenas de defensores, apresó a decenas de dirigentes y cientos de brigadistas, y el movimiento continuó.


El 2 de octubre de 1968 el ejército masacró a las bases congregadas en la "Plaza de las Tres Culturas" en Tlatelolco y apresó a miles de brigadistas y gran parte del Consejo Nacional de Huelga y el movimiento continuó. Es a principios de diciembre de 1968 que el movimiento realizó un repliegue táctico y volvió a clases no sin antes plantear el mensaje para continuar la lucha:

"Las perspectivas que se ofrecen al movimiento consisten en organizar a niveles cada vez más elevados la protesta y la oposición a un régimen cada vez más incapaz para satisfacer las justas reivindicaciones populares. Esta organización en adelante deberá contar para ser eficaz no sólo con los estudiantes sino y sobre todo con los sectores productivos de nuestra sociedad, los que con su trabajo dominan y transforman a la naturaleza así en la ciudad como en el campo.

"Los estudiantes nos aliaremos de manera definitiva con estos sectores que objetivamente están destinados a promover los cambios verdaderamente revolucionarios que nuestra patria requiere. La organización estudiantil debe concluir necesariamente en la organización popular que oponiéndose a las trabas que frenan el desarrollo histórico de México convierta en realidad el lema de nuestro movimiento: Libertades Democráticas." (Ramón Ramírez: "El Movimiento Estudiantil de México. Julio-diciembre de 1968").

Contrario a lo que se ha difundido, el Movimiento Estudiantil-Popular no paró con la represión del 2 de octubre de 1968, sino que pasó a otra fase:

Una de las corrientes de pensamiento se dedicó a crear "El Sindicalismo Independiente", "El Movimiento Campesino Independiente", "El Cooperativismo Autogestivo", "El Movimiento Urbano Popular", "El Movimiento Estudiantil Revolucionario" (cuya consigna fundamental fue "La Educación al Servicio del Pueblo"), etc.

La otra corriente de pensamiento se dedicó a construir el Movimiento Armado.

Aun sin vínculo directo entre estas corrientes en lucha, ambas partes tuvieron claridad de dónde estaba el enemigo de los intereses del pueblo, estableciendo un respeto para ambas formas de lucha.

En los primeros tres años de la década de 1970 se fue creando un gigantesco número de organismos entrelazados constituyendo redes de insurgencia actuante en todo el país.

Este entramado, que vinculaba organizaciones democráticas y revolucionarias con los movimientos populares emergentes, constituyó una simbiosis que fusionaba los movimientos populares con la experiencia acumulada por las organizaciones revolucionarias de aquella época. Con esta fusión, cientos de líderes sociales ingresaron en las organizaciones independientes de izquierda que ya estaban estructuradas.

El auge liberador multiplicó el entramado de movimientos sociales y dirigencia política emanada de dichos movimientos. El intercambio de conocimientos y experiencias que fluía de movimiento a movimiento multiplicó la irrupción de más movimientos, la creación de nuevas redes y la ampliación de las ya existentes.

Este entramado de movimientos populares, organizaciones políticas independientes y experiencia de lucha multiplicó lo que podemos llamar el TEJIDO SOCIO-POLÍTICO DE IZQUIERDA REVOLUCIONARIA.

La experiencia alcanzada por el movimiento independiente puso la mira en recuperar el contenido del artículo 39 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos:

ARTICULO 39. La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público emana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene, en todo tiempo, el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno.

Esto quiere decir que la soberanía de los sindicatos ya no está en el secretario general, sino en la asamblea de los trabajadores; en el caso de los campesinos, la soberanía está en los propios campesinos y no en las autoridades agrarias; en lo que corresponde a los estudiantes, la soberanía está en las asambleas democráticas, y así sucesivamente. Una nueva cultura política renacía. Conquistar la soberanía popular tiene como fundamento: asumir, no delegar.

 

CONCLUSIÓN

 Al poner sobre la mesa la contradicción de "quién detenta la soberanía" y enfrentar al déspota que la usurpaba el "Movimiento Pro-Libertades Democráticas" realizó una verdadera "Revolución Democrático-Popular Pacífica" y no solo una lucha reivindicativa de protesta ya que en primer término, desafió al monarca sexenal sino que, además, creó un modelo de organización que le permitió a la base estudiantil conquistar la soberanía que le había sido usurpada por la estructura corporativa del modelo sistémico con el que se somete la voluntad popular.

El "Movimiento Pro-Libertades Democráticas" constituye, por su carácter y por su vía, una verdadera revolución democrático- Popular pacifica que fue derrotada por el régimen despótico y absolutista de "La Gran Familia Revolucionaria Hecha Gobierno".

El carácter de revolución se lo da el haber desafiado a la figura del monarca sexenal, enfrentando el absolutismo y transparentando la contradicción determinante: ¿Quién es el depositario de la Soberanía: el monarca sexenal disfrazado de pseudo-Presidente o el Pueblo?

El torrente del 68 no sólo desafió al monarca sexenal; también aclaró que toda figura presidencial no puede ser absolutista sino mandataria, o sea, que ejercita el mandato del pueblo y no los intereses de élites explotadoras. Lo más relevante del TODO fue que al calor de la batalla se creó la forma organizativa que permitió conquistar en su espacio de acción, para beneficio del pueblo, la soberanía usurpada por el absolutismo.

Este gran avance histórico fue reprimido, pero también estudiado por los estrategas de la opresión y por todos los medios a su alcance que han tratado de invisibilizar la esencia de la lucha democratizadora: primero fue la masacre y la cárcel; luego fue la "Guerra Sucia" y la "Compra de Conciencias".

Últimamente, el sistema opresor ha optado por un método más sutil e inteligente: reducir el TODO revolucionario, la síntesis histórica, a simples anécdotas basadas en pequeñas historias particulares. La síntesis dialéctica nunca podrá alcanzarse ocultando el todo histórico y describiendo pequeños trozos inconexos, desconcatenados, que a lo más que llegan es a despertar sentimientos emotivos, pero que se superponen para invisibilizar aquello que nos puede enseñar cómo fue posible ejercer, con la praxis, la soberanía popular.

 


Pedro Carrasco Salgado, autor del texto con 
 León Bernal, Lefteri Becerra Correa y Francisco Hernández Zamora.
 
Visita a expo: Delgadillo presente. 2022. 
Al fondo, detalle del mural de Delgadillo en Pachuca, Hgo, realizado en 1986, 
durante su campaña a Gobernador del Estado de Hidalgo, 
por la alianza de los partidos de la izquierda popular y el PCM.




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