8 Cecilia Soto. Una mujer incoparable. Testimonio
CECILIA SOTO BLANCO
Una mujer incomparable.
Por: Jorge Alberto Peón R.
Opiniones y críticas: jpeon.aridacorp@gmail.com
“Una mujer que no les teme a los hombres los asusta”
Simón de Beauvoir.
I
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n 1974, tenía yo la edad de 19 años. Había estudiado mi bachillerato en la Escuela Preparatoria de Mexicali. En aquel entonces las preparatorias, estaban orgánicamente vinculadas con la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) y como la prepa de Mexicali, era la primera que se había fundado en la década de los 50´s del siglo pasado, también se le llamaba, la Preparatoria del Estado. Ingrese a la preparatoria en 1972, cuando tenía 17 años. La prepa en aquel entonces era un hervidero político, un auténtico caldero. En la prepa de Mexicali, habían estudiado personajes que eran héroes entre nuestra generación, como lo era Jorge Alberto Sánchez Hirales, su primo Gustavo Sánchez y Rosalvina Garabito entre otros, que después de terminar la prepa, se fuéron a la Universidad Autónoma de Nuevo León, y se involucraron en la guerrilla urbana. Jorge Alberto Sánchez, participó en el secuestro de un avión, que fue desviado a Cuba. Entre las autoridades Cubanas y Mexicanas, negociaron, y el avión fue devuelto a México. Pero los miembros de la Liga 23 de Septiembre se quedaron en calidad de asilados en Cuba.
Era tanto el fervor por los famosos héroes, que varios de mis amigos y compañeros, se involucraron en la Liga 23 de Septiembre, y algunos de ellos, desaparecieron y nunca los volví a ver. En mi caso, no me convencía el movimiento armado, por ser focos aislados sin respaldo popular, y me parecía que la guerrilla no tenía futuro. Como era un estudiante con bajos recursos, en primer año de prepa, iba a la escuela en la mañana, y trabajaba por las tardes. Pero al comenzar el segundo año de prepa, conocí al profesor que daba la materia de Física, y él andaba buscando un estudiante que fuera su ayudante en el laboratorio. Hablé con el maestro y le pedí el puesto. No era mucho la paga, y el maestro me dijo que por mi trabajo la prepa me pagaría una compensación. Para mí era la solución ideal, ya que estudiaría y trabajaría al mismo tiempo en el mismo lugar. No pregunte por el monto de la paga ni nada. Los horarios me los entregó el maestro, y comencé a trabajar limpiando el laboratorio, poniendo los aparatos para las practicas, recoger y guardar los aparatos al terminar las clases, y así sucesivamente. Un día me llamaron a la dirección de la prepa, y mi entregaron mi contrato de trabajo para que lo firmara. Ni lo leí, solo lo firme. Cual sería mi sorpresa, que a los quince días me llego un cheque. Era de la Universidad, y me pagaban mi trabajo como empleado de medio tiempo. Ahí me di cuenta que era un empleado de la universidad, y para mi sorpresa, me dieron de alta en el seguro social.
No recuerdo si fue a finales de 1973 o principios de 1974, que un bibliotecario (no recuerdo su nombre) se me acercó, y me comentó que había un grupo de empleados de la Universidad, que estaban organizando un sindicato. Me pareció muy interesante, y acepte su propuesta de sumarme a ese movimiento. Un día fuimos a una reunión en una casa particular (ya no recuerdo donde se ubicaba) y había como 30 empleados reunidos, uno de ellos destacaba entre los demás, muy hablador, muy entrón y se veía un hombre muy seguro de sí mismo. Se llamaba David Ramírez Patiño, y era trabajador de limpieza en los edificios de la Universidad. La reunión no fue muy larga, platique con don David, que ya era un hombre de años, y firme mi adhesión al movimiento. Fue así que ingrese al SINDICATO DE TRABAJADORES AL SERVICIO DE LA UABC (STS-UABC). Fue largo y difícil el proceso de registro del sindicato, ya que había mucha resistencia de las autoridades Universitarias, como de las autoridades del trabajo. Pero en los primeros meses de 1974, se logró el registro del Sindicato, yo fui no solo uno de sus impulsores, sino uno de sus miembros fundadores.
Desafortunadamente tuve que renunciar a mi plaza de Medio Tiempo. Ya que, en septiembre de 1974, ingrese como alumno de la Escuela de Ciencias Sociales y Políticas de la UABC, para cursar la Licenciatura en Sociología. En octubre, de ese año, el STS hizo un movimiento de paro laboral, y pidió apoyo a los estudiantes. El alumnado de mi escuela apoyó al sindicato. Fue un movimiento, que, en los hechos, fue una huelga. Sin embargo, a finde desinflar el movimiento, las autoridades universitarias, en aquella época encabezadas por el rector Ing. Luis López Moctezuma, mando a cerrar las puertas de acceso a los edificios con cadenas y candados. Los trabajadores querían tomar las instalaciones de la universidad, pero era materialmente imposible. Las puertas de acceso eran muy grandes hechas con vidrio y aluminio, entonces, a alguien se le ocurrió ir por piedras y romper los cristales, pero los miembros del sindicato, no estuvieron de acuerdo, al primer cristalazo, los acusarían de daño en propiedad ajena y los meterían a la cárcel. Si obvio, eso querían las autoridades. A las puertas del edificio, estábamos discutiendo en bola que hacer, cuando de repente llegó un estudiante de pedagogía, de nombre Germán Argote, y trajo un equipo de soldadura autógena, con guantes de carnaza, encendedor, boquilla y tanque de gas. Entre que, si usábamos o no usábamos el equipo, y seriamos acusados de allanamiento, yo me lancé con Argote y le dije que usáramos el equipo y nos valiera madre la discusión y los acuerdos. Sale…me dijo Argote, que apenas y lo conocía. Nos fimos a una de las puertas. Argote me prestó los guantes, y él encendió la boquilla. Yo detuve la cadena para tensarla y Argote la deshizo con el soplete. En unos segundos cayó la cadena, y se abrieron las puertas. Así, sin romper nada, y sin destruir el edificio, las instalaciones fueron tomadas. Luego nos fuimos al edificio de contabilidad y administración, de ahí brincamos al gimnasio y así nos seguimos abriendo puertas y tirando cadenas y candados. Después me enteré que la raza, en Tijuana, había tumbado las cadenas con ceguetas, y el resultado había sido el mismo. Detrás de los movimientos de los trabajadores estaba bullendo el movimiento estudiantil, con la intención de democratizar toda la Universidad. Ese primer movimiento de los trabajadores desembocó en varias reuniones del Consejo Universitario, que, por desgracia, en las primeras reuniones, perdimos la votación. La rectoría contaba con mayoría de votos, ya que habían amenazado a los directores de bajar el presupuesto de cualquier escuela que apoyara a los trabajadores.
En esas reuniones, que se llevaron a cabo en Mexicali, había delegados de todas las escuelas de todas las ciudades del Estado. Solo cuatro escuelas, apoyamos decididamente a los trabajadores en octubre del 74. La Escuela de Economía de Tijuana, la Escuela Preparatoria de Ensenada, La Escuela de Pedagogía, y la Escuela de Ciencias Sociales y Políticas.
En esas reuniones destacaba la escuela preparatoria de Ensenada. En ese entonces el director era el profesor Héctor Migoni, y había una maestra muy destacada, que hablaba con mucha seguridad y excelentes argumentos jurídicos. Chaparrita, morena, delgada, de pelo chino, y voz fuerte y decidida. Me llamo la atención y a uno de mis amigos de Economía Tijuana (Negrete se apellidaba) le pregunté quién era y me dijo que se llamaba Cecilia Soto y era la cabeza del movimiento democratizador de la prepa. Era la única escuela, que había logrado instaurar un cogobierno (los alumnos, los trabajadores y los maestros, había electo al director), y ese era el modelo que queríamos seguir todas las escuelas.
Al terminar una de esas reuniones, me acerque para saludarla y conocerla. Fue breve nuestra charla, y quedamos de vernos en Ensenada. En mi escuela habíamos tumbado la sociedad de alumnos e instauramos un consejo estudiantil. Y en la Escuela de Pedagogía, hicieron lo mismo, el dirigente estudiantil más destacado de Pedagogía era el Profesor Argote, que ya para ese entonces éramos muy buenos amigos, porque las dos escuelas, compartíamos el mismo edificio. Le platiqué a Argote de la invitación de la profesora Cecilia. Argote, tenía un ojo chueco, era regordete y fumaba como chacuaco. Me miró y me dijo que si queríamos avanzar era necesario que enlazáramos los pocos movimientos democratizadores que había en cada Escuela. Yo no tenía carro, y me era difícil arrancarme a Ensenada. Pero Argote, tenía una camioneta, y decidimos una tarde, irnos para allá.
No recuerdo la fecha que nos lanzamos. Llegamos de noche y tuvimos que dormir en la camioneta. Por la mañana, fuimos a la prepa, y ya estaba el profe Migoni en su oficina. De inmediato nos reconoció y nos dijo que la profe Cecilia, tenía clase por las tardes, ya que le gustaba dormir y se levantaba tarde de la cama. Pero llamo por tel. a la casa de Cecilia, y para su sorpresa, ya estaba despierta. Le dijo que nos diera su dirección y que nos invitaba a desayunar. A mí en lo personal me dio un poco de vergüenza, ni Argote, ni Yo, andábamos con ropa adecuada, como para andar de visita. Para mi sorpresa, Cecilia vivía atrás de la prepa. Caminamos por la acera de la prepa, llegamos por enfrente de las oficinas del PRI (que estaban a un costado de la prepa) y pasando la calle, había un gigantesco lote baldío, atrás de ese baldío había un conjunto de casas, y en una de esas casas, vivía Cecilia. La casa no era de ella, sino uno de sus hermanos, el Ing. Soto Blanco, que trabajaba en la CFE, y que aún vivía en esa época. Al tocar la puerta, nos abrió el Ingeniero, entramos a una sala, y desde el fondo, escuchamos una voz ronca, clásica de Cecilia, nos gritó “pasen para acá, estoy en la cocina”…. caminamos por un pequeño pasillo y llegamos a la cocina que tenía un pequeño comedor, y ahí nos sentamos a desayunar unos huevos estrellados hechos de mano de Cecilia, que fue (increíblemente) nuestra cocinera (nunca más la vi que volviera a cocinar algo). Platicamos largo y tendido, y nos preguntó cómo estaba el avance del movimiento en Mexicali, nos preguntó por personas, sobre todo me pregunto mucho por el periodo como rector del Dr. Santos Silva Cota, como yo era de Mexicali, le comenté lo que yo me había enterado de su período. Cecilia, me pareció una mujer muy interesante, muy inteligente, una mujer brillante. Había sido colaboradora del consejo nacional de huelga en el 68 en la UNAM, enlazando el movimiento de la CNED (Confederación Nacional de Estudiantes Democráticos) que fue fundada en 1964 y del cual Cecilia era miembro, y era además Maestra en Derecho. Era una mujer muy bien conectada y con una gran experiencia política. Se identificó con Argote, porque los dos fumaban mucho, y porque Argote era un tipo entrón y fiel al movimiento estudiantil democrático. Cecilia, era buena para el análisis situacional y para armar estrategias. Le gustó que fuéramos aventados y que hubiéramos tenido iniciativa para ir a Ensenada. En aquella época, no existían los celulares, ni mucho menos el internet. Todo era por teléfonos fijos. Argote le paso el número del teléfono donde trabajaba, y yo el numero de la Escuela de Ciencias Políticas. A petición de Cecilia, nos dijo que, en lugar de regresar a Mexicali, aprovecháramos y que siguiéramos la gira, y nos fuéramos a Tijuana a ver a la gente de Economía. Antes de retirarnos, llegó un maestro que Cecilia había mandado a llamar para que nos conociera. Era un hombre joven, largucho, medio flaco, barbón, y también muy fumador, se llamaba Rodolfo Armenta Scott (más conocido como el Cuate). Lo saludamos y me pareció un tipo tranquilo y sencillo, nunca me imaginé que con el cuate nacería una de las más grades amistades que he tenido.
II
Nosotros continuamos el viaje por Tijuana, y de regreso a Mexicali, pasamos a ver a los alumnos y maestros de la prepa de Tecate. A principios de 1975, la Universidad estaba en un momento de cambio muy importante. El Ing Luis López Moctezuma dejaría el cargo a mediados del año, y nosotros nos enteramos, que el entonces gobernador del estado, Lic. Milton Castellanos Everardo, estaba aquilatando la idea de traer como rector al Lic. Enrique González Pedrero, porque necesitaba de una persona, que pudiera orientar y dar salida a todo el movimiento democratizador y sindical que el gobernador veía en el horizonte. Entonces quizá por ello, el Ing López Moctezuma, en un movimiento inesperado (como en pocas ocasiones en la universidad), lanzó una convocatoria para realizar un foro de amplia consulta con la comunidad universitaria en muy diversos temas y aspectos. No recuerdo si el foro fue en febrero o marzo de 1975, pero se realizó en Mexicali. Primero hubo una gran reunión en el aula magna de la universidad. A ese foro asistimos todos los alumnos y maestros interesados, y obviamente, las fuerzas democráticas estábamos ahí.
El Rector Luis López Moctezuma, abrió el foro, y explicó que era necesario modernizar la universidad, y realizar un cambio. Pero para ello se requería la opinión de todos, en diversos aspectos. Entonces propuso una serie de mesas para discutir temas específicos. No recuerdo la temática de cada mesa (y creo que eran ocho en total) distribuidas en distintas aulas en los edificios de la Universidad en Mexicali. En lo personal, había una mesa que me interesó. Ley Orgánica, y ahí me apunte, porque Cecilia me contactó y me dijo que esa era la que más nos convenía y quería tener cuadros que la apoyáramos. Presentí que esa sería el corazón de todas las mesas y la más importante de todo el foro y creo que no me equivoqué. La otra mesa muy importante era sobre el modelo académico, donde muchos maestros se concentraron.
LA MESA CUATRO
Unas edecanes, nos llamaron a las personas que nos habíamos enlistado en la mesa cuatro, en un aula de la Escuela de Contabilidad y Administración. Al entrar al aula, había una larga mesa, con sillas alrededor, y hojas, plumas, cuadernos, lápices, y un pizarrón en una pared. Todo había sido dispuesto muy bien. Y para mi sorpresa vi caras conocidas. Nos explicaron la metodología a seguir y en cuanto estuvimos solos todo el grupo y a puerta cerrada, Cecilia se convirtió, indiscutiblemente en la cabeza y alma de la mesa #4. Como mesa solicitamos copia de la ley orgánica vigente. Pero Cecilia, ya contaba con una copia fotostática, de la ley orgánica, publicada en el boletín oficial del Gobierno del Estado en la década de los 50s, cuando se fundó la Universidad, por el entonces, primer gobernador de estado, Braulio Maldonado Sandez (seguidor fiel del General Francisco J. Mujica, y gran amigo de Lázaro Cárdenas del Río). Le pedí a Cecilia, en un receso, que me prestara esa copia de la ley orgánica para hojearla. Era como ver una auténtica reliquia. En el análisis hecho por Cecilia en los trabajos de la mesa, ella como buena abogada, nos dijo que la ley orgánica de la UABC, promulgada por Braulio, no era más que una burda copia al carbón de la ley orgánica de la UNAM que era vigente en los años 50s. Y efectivamente, la estructura institucional era la misma. Una junta de gobierno, como “máxima” autoridad (que se reunía cada caída de obispo, y que estaba compuesta, por un grupo de “notables”, designados, aparentemente, por el congreso del estado (léase Gobernador, porque en 1975, todo lo gobernaba el PRI y los Gobernadores eran Virreyes. Era la época del Priato en todo su esplendor). Luego seguía la rama ejecutiva, representado por el Rector y sus funcionarios. Luego el Consejo Universitario, como un gran cuerpo representativo, pero con la limitante, que era un cuerpo CONSULTIVO Y DELIVERATIVO, pero no tenía carácter ni facultades jurídicas de tipo RESOLUTIVAS, de ahí continuaban los Consejos técnicos por escuela, los directores, etc. Los trabajadores y sus sindicatos, no eran mencionados en lo absoluto, ni existían órganos colegiados, etc. Si, era tal cual lo expresaba Cecilia en aquella época, la universidad tenía una ley orgánica obsoleta, retrógrada y fuera de lugar. Ya no estaba acorde, a los nuevos tiempos. Una ley que para aquel entonces tenía como 20 años de promulgada, y el congreso del estado, nunca la había modificado para ponerla a punto en la realidad de baja california y del país.
Después de leer y revisar la vieja ley orgánica, llegamos al acuerdo, como mesa, de tirar (figurativamente hablando) al cesto de la basura, la vieja Ley Orgánica y tomamos el reto de redactar una nueva ley orgánica, con un nuevo diseño institucional (para ello contábamos con 3 días, que era lo que iba a durar el foro). Por la tarde del primer día, comenzamos a discutir la nueva arquitectura institucional y cambiamos el modelo estructural de la Universidad. Y para comenzar, todos estuvimos de acuerdo en la necesidad de que la universidad, por fin y de manera efectiva, fuera AUTONOMA de verdad, y romper el cordón umbilical con el gobierno del Estado. Para ello decidimos desaparecer en la nueva propuesta, a la Junta de Gobierno, un órgano verdaderamente obsoleto y arcaico.
Luego, discutimos las características del máximo órgano, y decidimos que fuera el consejo universitario, ampliando su representación por escuela, incluyendo a delegados que fueran trabajadores de la universidad, además de maestros, alumnos y directores. Al Consejo Universitario, lo dotamos no solo la facultad deliberativa, sino además la facultad resolutiva, de tal forma que lo acordado en el consejo, tuviera fuerza de ley, al interior de la universidad, y le dotamos de otras muchas facultades, que aún no contaba en aquel entonces el consejo (como, por ejemplo, que el Consejo Universitario, tuviera la facultad de consultar a la comunidad universitaria, vía plebiscito).
Luego revisamos la figura del Rector, y se discutieron dos propuestas para elegirlo, para lo cual se propuso, que fuera electo por el consejo universitario, por mayoría calificada, es decir por 2/3 partes de los delegados efectivos que compusieran el consejo. Y luego, había una segunda propuesta, que era, que el rector fuera electo, por toda la comunidad universitaria, en elección universal, en la cual participaran, maestros, alumnos, trabajadores y empleados, por mayoría simple, de quien más obtuviera votos. Si mal no recuerdo, en la mesa se votó, y se acordó optar por la segunda opción, por ser más democrática. Asimismo, cambiamos los requisitos para aspirar y ser rector y otros aspectos importantes.
Luego pasamos a ver un asunto primordial y muy delicado. El presupuesto para la universidad. En la vieja ley, se mencionaba que era la tesorería de la universidad, la que elaboraría el presupuesto anual. Y este presupuesto se pondría a la consideración del Consejo Universitario para su análisis y discusión, y una vez discutido por el consejo, el Rector y no recuerdo si era con el respaldo de la Junta de Gobierno, lo presentarían al Congreso del Estado para su consideración (obvio lo del congreso del estado, era un decir, la realidad es que, quien aceptaba o rechazaba el presupuesto, era el Gobernador). Aparentemente este asunto del presupuesto era discutir como aumentar esa participación, pero para sorpresa mayúscula de la Rectoría (que, para ese entonces, sabía de lo que estábamos cocinando en la mesa 4 y su importancia), dimos un giro de 180°. No nos metimos en el mecanismo de como presupuestar el gasto de la universidad, y como aumentarlo, nos metimos en un asunto que estaba totalmente ausente en la vieja ley. LA AUDITORIA A LOS RECURSOS RECIBIDOS POR LA UNIVERSIDAD Y COMO SE EJERCIAN.
En la nueva ley que proponíamos, creamos un órgano auditor interno, compuesto por maestros y alumnos de la Escuela de Contabilidad y Administración, que tuvieran como órgano fiscalizador, la facultad de realizar auditorías contables y administrativas, y, por tanto, poder realizar revisiones de los libros contables de la universidad, revisar sus estados financieros y sobre todo investigar ampliamente la forma de ejercer los fondos (es decir el gasto, contratos de obra, facturas, etc). Ese acuerdo que tomamos como mesa, estoy plenamente seguro, que la noticia cayó como una bomba atómica en las oficinas de la Rectoría. Pues ese tema, era tabú en la universidad en aquel entonces. Los rectores y varios funcionarios, se servían con cuchara grande del presupuesto y nadie los fiscalizaba.
El segundo día por la noche, tomamos el acuerdo de iniciar la redacción de la nueva propuesta de ley orgánica. Tenía que haber un redactor en jefe (como en los periódicos) y esa tarea corrió por cuenta de Cecilia, y el resto de los miembros la alimentábamos con ideas, corrección de estilo, o párrafos que no fueran tan claros. Una ley, debe ser exacta y explícita, factible y medible. Es decir, no se pueden plasmar ideas o conceptos que se puedan entender de mil formas, sino que tiene que plasmarse con un lenguaje exacto. Por dar un ejemplo: Si se habla de violación, puede ser interpretada como una violación sexual, pero se puede explicitar en la ley, que se entiende por violación, cuando la autoridad, no se ajusta a los términos establecidos en la ley o los acuerdos adoptados por un órgano, entonces es una violación jurídica o administrativa. Al final de la vieja ley, no se mencionaban ningún tipo de sanciones a quien incumpliera los términos de la ley orgánica o eran muy laxos. Nosotros redactamos al final de esa ley, penalizaciones concretas a quien no se apegara o violara los términos establecidos en la nueva ley orgánica. Al final del tercer día, el nuevo documento estaba redactado y finalizado.
El Pleno del Foro
El tercer día, por la tarde (un Domingo), nos llamaron para reunir en pleno el Foro y escuchar las conclusiones de cada mesa. Por orden numérico, nos fueron llamando. Tres personas de cada mesa, pasaban al frente y leían un resumen de las conclusiones y propuestas. La realidad, es que cuando nuestra mesa hizo, su presentación, cayó como balde de agua helada a medio mundo, pues no se esperaban, que hasta una nueva ley orgánica hubiéramos elaborado como borrador, y esa fuera nuestra conclusión y propuesta. Al frente y como voz cantante, estuvo representándonos Cecilia, que hizo una demostración magistral de nuestra propuesta e hizo énfasis en los detalles más importantes. Fue la propuesta más discutida en el foro, y obvio fue la más criticada por los troyanos, pero muy bien aceptada y aplaudida por los Tyros (la izquierda).
Lo que nunca pudo imaginar la Rectoría, es que, a partir de ese momento, se abría un parteaguas en la historia de la universidad, porque una cosa era esa vetusta arquitectura institucional, que se erigía, basada en una vieja ley, y por otra parte un proyecto de nueva ley, para modificar la estructura de poder y democratizar la universidad. A partir de la mesa 4, había nacido una nueva bandera de lucha, de todo el movimiento democrático con una alternativa concreta, que se convertiría en un objetivo a alcanzar. Cualquier lucha en la universidad, fuera por el movimiento social estudiantil o fuera por el movimiento sindical universitario, la demanda por una nueva ley orgánica, fue una demanda que nunca faltaría.
III
Cuando conocí a Cecilia Soto, ella tendría unos cuarenta y tantos años (rozando los cincuenta), tenía pelo negro corto, con algunas canas. Me di cuenta que no usaba pintura de pelo, como lo hacen muchas mujeres. Pero, ella era distinta, tenía un fuerte carácter, sin ser dictatorial, una mujer que destilaba por todos los poros, que era segura de sí misma (por eso no se teñía el cabello, porque no lo necesitaba. Las personas seguras de sí mismas, se muestran siempre, como son de forma natural). En privado, siempre hablaba de forma pausada y con plena convicción de sus ideas (porque tenía mucha claridad mental), combinaba siempre sus palabras con bromas inteligentes y era muy mal hablada, pero no era grosera, las palabras fuertes (desde una chingadera, hasta un vergazo) lo soltaba con naturalidad, y encajaba perfectamente en el discurso de sus ideas, y eso, te hacía relajarte y sentirte en completa confianza. A pesar de ser tan abierta y tan franca, nadie (que yo recuerde) se pasó de listo o le faltó al respeto. Muy por el contrario, era una mujer de una personalidad, que imponía respeto, por la seriedad de sus ideas y argumentos.
Todas las mujeres, tienen su lado flaco. Cecilia tenía el suyo. Pero no quedabas bien con ella haciéndole halagos y aventándole piropos, no, la única forma de echártela a la bolsa, era regalándole cigarros (porque era una fumadora empedernida) y teniendo una plática interesante y bien centrada. Obvio, con Cecilia, tenías que hablar de política y no andar con bobadas, porque pronto y más que inmediatamente te ponía en tu lugar. Tuve la suerte de conocer a Cecilia por muchos años y me convertí en uno de sus buenos amigos. Cuando perdimos la huelga en la Universidad, en la lucha por lograr la titularidad del contrato colectivo entre la UABC y el sindicato de trabajadores académicos (del cual yo era parte), tuve que salir de Baja California, porque el gobierno del estado (de aquel entonces) nos había boletinado con la mayoría de las empresas, y era imposible conseguir un trabajo en el sector privado, ya no se diga el público. Entonces decidí (como muchos otros) emigrar, y me fui un tiempo a residir a la Ciudad de México (antes Distrito Federal). Llegué a vivir un tiempo, en casa del Cuate Armenta que estaba casado, con una compañera, muy aguerrida, que se llamaba Rosaura. Tuvieron una niña (América), que, de recién nacida, la tuve en mis brazos y era como mi propia nena. Pero por una serie de conflictos entre el Cuate y Rosaura, decidí cambiar de residencia. No encontraba dónde y Cecilia me llamó por teléfono, para ofrecerme su casa, que estaba ubicada por el rumbo de Observatorio. Acepté, porque, además, me sentí honrado, que Cecilia, me abriera las puertas de su casa, y fui a vivir ahí por un tiempo. Me prestó una recamara de la casa…solo me puso una condición y me dijo “Peón, puedes estar aquí el tiempo que quieras, solo te pido que no traigas pinches viejas, porque entonces puede haber pedo con la dueña, que es mi amiga…” Si, era obvio para mí, que tenía que respetar su casa. Por la tarde baje a comer con Cecilia y la dueña de la casa, que era una amiga desde la época de la facultad de derecho. Cecilia vivía en la casa de la abogada Victoria Moreno. Era una señora morena, como de la edad de Cecilia, pero a diferencia de la Ceci, era muy tranquila, y hablaba muy pausada, y en voz baja. Tenía un carácter agradable y tenía un despacho, ya que ella, era abogada litigante.
Vivir en casa de Victoria y de Cecilia, me hizo tener una visión de ella, más amplia. A veces, por las tardes, Cecilia subía a mi recamara, y me invitaba que fuéramos a la sala de su casa a tomar café. La muchacha del servicio doméstico, servía un buen café de grano, y ahí pude platicar con Cecilia de muchos temas, fuera de la política. Descubrí con asombro, que era una mujer dotada de una gran cultura. Lo mismo podíamos hablar de la vida de grandes pintores, o de destacados músicos, que hablar de Filosofía. Un día nos enfrascamos en un dialogo, sobre nuestros puntos de vista del concepto de Hegel sobre el Estado. Hegel además de ser Filosofo (al igual que Kant) era abogado, y disertó muchos años sobre Teoría del Estado. Cecilia, tenía un conocimiento profundo, desde el punto de vista filosófico, de los clásicos como Hegel. También dominaba muy bien la historia de México, y tenía una excelente memoria. Nunca presumió de sus profundos conocimientos del marxismo, pero combinaba puntos de vista sobre Hegel, con conceptos y citas de Marx. Cecilia fue muy amiga de Jorge Mezta, que fue uno de los dirigentes históricos de la Liga Comunista Espartaco, que fue una de las organizaciones políticas e ideologicas más sólidas durante el Movimiento Estudiantil Popular de 1968. Siempre hubo una gran amistad entre Cecilia y Jorge Mezta, así como con muchos exdirigentes del Comité Nacional de Huelga, que algunos se mantenían militando en la oposición, y otros estaban insertos en el gobierno federal como funcionarios. Cecilia mantenía muy buenas relaciones de amistad con todos.
Duré viviendo en casa de Cecilia, cerca de dos meses, luego conseguí un departamento propio, y me cambié de casa, por el rumbo de Copilco. Durante el año, que viví en la CdMx, siempre mantuve contacto con Cecilia y con el Cuate Armenta, así como con Francisco Gerardo Hernández, con el cual estuve trabajando durante varios meses en las oficinas del Sindicato del Metro, e imprimíamos un pasquín, que era el boletín del sindicato, que se llamaba EL ARIETE (y creo que ese nombre, se lo puso Francisco).
Cecilia, tenía muy buen humor, a pesar de su carácter. Sus amigos, más íntimos la llamaban por su apodo, desde que era estudiante en la UNAM, y que venía desde su edad temprana. En su casa, su familia, la apodaba “la gorda” y sus amigos íntimos, en privado así la llamaban. Tuve la suerte que me platicara de su infancia en Ensenada y su época de juventud. Cuando era joven, había hecho mucho deporte, sobre todo, lo que mas le gustaba era el basquetbol y había pertenecido al equipo de la secundaria y luego de la prepa, y habían ganado varios torneos estatales.
Después de vivir casi por año y medio en CdMx, me otorgaron una plaza como instructor en el Departamento de Organización y Capacitación Pesquera, en la extinta Secretaría de Pesca, y me fui a vivir a Guerrero Negro, en el corazón de la península de Baja California. El lugar era tan aislado en 1982, que era difícil la comunicación telefónica. Perdí contacto con Cecilia, y por muchos años, no supe de ella, hasta que Francisco Hernández, me dijo que había regresado a Baja California, que había dictado varias conferencias en la Universidad, con muy buena aceptación, y que regresó a vivir a Ensenada. Años después me enteré de su muerte, ya que Francisco me avisó de su deceso. Dolorosamente, me enteré de su muerte, varios meses después de que sucedió.
Desde que viví en su casa, por allá por 1981, Cecilia, ya estaba un tanto mermada de salud. Fumaba demasiado, tomaba mucho café, no comía a sus horas, y las tensiones políticas, son acumulativas (como los golpes en el boxeo). El cuerpo, ante ese desgaste físico y emocional, termina por pasarte la factura, de eso por desgracia, nadie se salva, y un caso similar fue el de nuestro amigo el cuate Armenta, Belinda Fimbres, Marta Nishimoto, y una larga lista de compañeros, que tuvieron un factor en común, se nos fueron, debido a una enfermedad como el cáncer.
Esta remembranza, la dedico a la memoria de todos ellos y obvio, en especial a esa gran mujer luchadora y aguerrida que fue Cecilia Soto Blanco y su legado, que ha sido una gran lección política y de vida, para muchos que tuvimos la gran suerte de conocerla.
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