4. Cecilia Soto Blanco y la marcha por la Ruta de la libertad, febrero de 1968
4. Cecilia Soto Blanco y la Marcha por la Ruta de la libertad, febrero de 1968.
Estimado Pedro Castillo, en la infografía que te envío para revisión, hice cambios en lo referente a Cecilia. Poco a poco empieza a emerger su figura y con ella las implicaciones históricas de todo un periodo y de sectores y luchas populares invisibilizadas de nuestra historia nacional, a mediados de los años 60; y en Ensenada, en B. Cfa., a mediados de los años 70's en el siglo XX.
Esto es lo que le da sentido a esta investigación. Mas que un tema del culto a la personalidad, honramos la memoria de Cecilia al comprender mejor el papel de los sectores populars participantes, los escenarios y los hechos históricos en donde ella jugó un papel muy especial.
Marcha por la Ruta de la Libertad, febrero de 1968
En tu testimonio estableces:
En los 60, Cecilia, como joven estudiante de la Facultad de Derecho de la UNAM, fue dirigente e integrante del colectivo activista estudiantil más destacado de su facultad y miembro del Presídium del Comité central de las Juventudes Comunistas. Como tal, formó parte del grupo que encabezó la coordinación y jugó un papel determinante en diferentes momentos, en cuanto a la organización nacional estudiantil de esa época. Así como su avance para la alianza estratégica estudiantil-campesina (sic).
Desde 1963 participó en la Conferencia de Morelia y la necesidad de crear una nueva organización estudiantil independiente: la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNED).
Ella fue parte del mismo grupo dirigente estudiantil destacado, junto con Rubén Valdespino, José Barragán (de Mexicali), Arturo Sama Escalante, Enrique Bernal Rojas y Manuel de Jesús Orilla Mandujano chiapaneco), que nutrieron al Movimiento estudiantil de la Reforma universitaria de las posiciones políticas más relevantes en 1966. Este colectivo político representaba el más alto nivel académico y político, con formación superior a la de la propia universidad y formación marxista-leninista. Grupo que llegó a contar con el acervo político de información que nadie tenía en el propio Partido Comunista, debido a sus vínculos y redes estudiantiles en diferentes estados. Grupo en el que se complementaban entre ellos y en el que era la única mujer y Cecilia llego a ser su intérprete. De la misma manera que fue el elemento más destacado de ese movimiento universitario. Si bien, por decisiones internas de las Juventudes comunistas, Arturo Sama fue el comisionado que fue nombrado en el núcleo de Reforma universitario que se generó.
Para darnos una idea del peso político de estos activistas, mencionaste el dicho que corría por los pasillos de la Facultad de Derecho a mediados de los años 60, dicho del connotado catedrático de Filosofía y de Derecho y ex rector, Antonio Caso Andrade:
“Cuando tiembla la Faculta
d de
Derecho, tiembla la Universidad,
y cuando tiembla la Universidad, tiembla el Pueblo de México.”
Foto: de izq. a derecha, 1. José Barragán (de Mexicali), 2. Rubén Valdespino, 3. Ceci, 4. Manuel Ovilla Mandujano (chiapaneco), 5. Arturo Zama. Todos fallecidos. Compañeros entrañables de Cecilia.
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El Dr. Leopoldo Santos Ramírez, investigador de El Colegio de Sonora, publica un testimonio titulado: ‘El hermano Marcos Leonel Posadas’ El penúltimo día de 2020 murió Marcos Leonel Posadas, fundador y ex secretario general de la Juventud Comunista, filial del extinto Partido Comunista Mexicano. Mi primer acercamiento con Leonel fue en la célula 26 de Julio, integrada por estudiantes de la Facultad de Derecho. Su voz grave, sin impostaciones, era escuchada con respeto por los camaradas acostumbrados a la grilla sesentera de la Facultad, donde confluían los principales grupos priístas, los porros y la derecha católica, a través del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el Muro. En la segunda mitad de la década de los 60 un grupo de jóvenes fuimos reclutados por algunos de los cuadros ya formados que estaban por terminar la carrera. En esa generación destacaban Cecilia Soto Blanco, José Barragán, Arturo Zama, Manuel Ovilla Mandujano y Rubén Valdespino. En alguna de las reuniones de la célula se presentó Marcos Leonel. Su voz grave, sin impostaciones, era escuchada con respeto por los camaradas acostumbrados a la grilla sesentera de la Facultad, donde confluían los principales grupos priístas, los porros y la derecha católica, a través del Movimiento Universitario de Renovadora Orientación, el Muro. A pesar de su edad, que rebasaba al promedio de los jóvenes comunistas, el liderazgo de Marcos Leonel fue indiscutible. Fungía como hermano mayor explicando la política del Estado y la estrategia en la que el partido fincaba su esfuerzo para expandir su influencia hacia la clase trabajadora y al sector universitario en el cual estábamos inmersos. Leonel perteneció al equipo del Comité Central del partido que componían Arnoldo Martínez Verdugo, Gerardo Unzueta, Valentín Campa, Encarnación Pérez, Eduardo Montes, Edmundo Jardón y Gilberto Rincón. Lo que distinguía a este joven político extraído desde la clase obrera, electricista y obrero en Pemex, era la transparencia de su discurso, y al escucharlo se adivinaba que no se estaba luciendo, ni iba a pedir esfuerzos de sus escuchas para encumbrarse en alguna de las posiciones de la burocracia. Al contrario, planteaba su narrativa como una manera de liberar al pensamiento y darle a la existencia humana una causa trascendental en la destrucción del capitalismo y en la construcción de otro orden. Merced a su esfuerzo, meses antes del Movimiento del 68, la estructura de la Juventud Comunista abarcaba no pocas escuelas y facultades de la UNAM y el IPN; además, fuera del Distrito Federal su organización se extendía a varias universidades en la República, espacios donde los estudiantes mantuvieron luchas por la transformación democrática de la educación en las universidades. |
Cecilia Soto Blanco es una de esas pocas personas que fueron capaces de cabalgar sobre los tornados ensortijados de fantasmas psicosociales de nuestra historia, desencadenados por la recurrente VIOLENCIA de Estado de la oligarquía criolla colonial y su CORRUPCIÓN sistémica, de nuestro país. Lo hizo así para poder acompañar al pueblo en su defensa y resistencia social. Y en la construcción de un mundo lleno de mundos autónomos.
La Marcha…

Dolores Hidalgo, Guanajuato. 3 de febrero de 1968.
Líderes del movimiento estudiantil: Pedro Castillo, Antonio Medina,
Juan Manuel Posadas (FECSM) y Arturo Martínez Nateras.
En febrero de 1968 (sic), seis meses antes del inicio del Movimiento estudiantil-popular, Cecilia jugó un papel determinante en toda la Marcha por la Ruta de la Libertad, hasta el final, cuando la movilización fue interceptada por el ejército y obligaron al contingente a desistir de llegar a Morelia, Mich. Esta Marcha fue impulsada por la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CNDE). En ese momento, esa organización estudiantil nacional integraba organizativamente a 400,000 estudiantes. 120,000 eran miembros de la FNECSM. Es decir, estudiantes de las 28 Normales rurales del país. Los demás miembros eran estudiantes de universidades del país y de escuelas de estudios superiores, incluyendo al Politécnico Nacional.
Pese a que se evitó su avance de la marcha hasta el final, el balance que hicieron de esa movilización, que acuerpó a las vanguardias de dirigentes estudiantiles de todo el país, concluyó que habían logrado constituir el tejido político social independiente más grande en la historia moderna de México, capaz de articular la unidad de la lucha por la Reforma universitaria, la lucha campesina en varios lugares del país y la exigencia de la libertad de los presos políticos de Michoacán.
Como tú señalaste, este balance fue positivo en cuanto a correlación de fuerzas, debido a que gentes como Cecilia, tenían mentalidad heroica. Misma mentalidad con la que soportaron ser recibidos en la marcha por los feligreses de los pueblos, que fueron azuzados contra los comunistas…, tanto en Dolores Hidalgo, como en Salamanca, en el Estado de Guanajuato.
Con esa red organizada y con experiencia de lucha y movilización, las resistencias estudiantil, obrera, campesina y popular, recibían apoyo y difusión de sus luchas. Todo esto, antes del Movimiento Estudiantil Popular Pro-Libertades Democráticas de 1968 (sic).
Cecilia también participó de manera determinante en la coordinación y convocatoria a la manifestación del 26 de julio en el D. F. Al igual que acompañó al CNH en todo el proceso hasta el 2 de octubre del 68. Fecha en la que pudo huir del cerco del Sitio de Tlatelolco. A los pocos días salió del país, hacia Checoeslovaquia, en calidad de refugiada.
Como tú me comentaste, Cecilia no se integró al CNH por decisión de la propia Asamblea general de la Facultad de Derecho de la UNAM que, de manera abierta, reconocieron que, por más meritorios que fueran, no era políticamente adecuado que dos miembros de las Juventudes comunistas formaran parte la representación de la Facultad de Derecho en el CNH. De ahí que fuera nombrada Roberta Avendaño Martínez 'la Tita' como representante de Derecho al CNH.
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Como comentamos, tus dos libros: 'Lecumberri en el 68' y 'La lucha de clases en el 68', le dan el giro epistemológico necesario al propio 'Sitio de Tlatelolco'. Se hace visible su caracter de GENOCIDIO de Estado en contubernio con la CIA, para castigar a toda una generación de jóvenes revolucionarios en el país y desmantelar las estructuras organizativas estudiantiles nacionales y la alianza con los sectores campesinos y populares logradas en ese momento.
En cuanto a que, una generación estudiantil nacional fue capaz de cuestionar e implementar iniciativas estratégicas de organización, movilización y difusión para exhibir la USURPACIÓN de la SOBERANÍA, durante un movimiento de lucha social prolongado, a través del curso de la misma lucha y la unidad con otros sectores populares; hasta desactivar y neutralizar los mecanismos del consenso de conservación de la usurpación y del sometimiento de la VOLUNTAD POPULAR.
Esto es muy importante, porque a la fecha hay intelectuales y académicos ‘RESPETABLES’ que "no están seguros de que los asesinados en Tlatelolco llegaran al centenar". ¡¡Y lo dicen públicamente!!
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Por otra parte, mi apreciación es que, si Cecilia hubiera sido capturada en el 68, ya sea en la marcha del 26 de julio o después, la hubieran torturado, vejado, desaparecido y asesinado. Creo que coincidimos en que NO hubiera sido una presa política, como ustedes del CNH.
Después del 2 de octubre, Cecilia fue cada vez menos visible…




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